Desde que recuerdo, he escuchado la frase “2 de octubre no se olvida”.
Ayer volví a recordar que no hay que olvidar el 2 de octubre mientras veía en la televisión en el extraordinario canal de TV UNAM un programa especial sobre los sucesos que acontecieron alrededor de la desafortunadamente famosa matanza de Tlatelolco.

Para mi fué un tanto doloroso y al mismo tiempo interesante ver imágenes y sucesos desconocidos para mí y quizás para mi generación, ya que yo nací 7 años después de 1968.

El ver hablar a Díaz Ordaz, el  presidente de aquel entonces, con un cinismo francamente ridículo, me llenó de sorpresa, dolor e indignación. A 50 años de un evento tan doloroso para el pueblo mexicano, es increíble como el tema no se agota y siempre hay información “nueva”, al menos para mí, que siempre he ido armando un rompecabezas en mi cabeza sobre el tema que resulta tan amplio. Lo único que se es que la paz construye puentes; paulatinamente pero los construye y son necesarios, pero sus cimientos deben estar arraigados en una idónea igualdad.
Cierro los ojos, pienso en el 68 y reconfigurado la historia, trato de pensar en la paz, en ser capaces de lograr la paz, de lograrnos en paz.

El ver hablar a una líder estudiantil  (no recuerdo su nombre) con toda la verdad entre sus labios llenos de indignación, esperanza, rabia y verdad (en imágenes de un valioso archivo histórico  de aquel trágico 2 de octubre de hace medio siglo) me conmovió en lo mas recóndito de mi ser.
Haya pasado lo que haya pasado, entre “dimes y diretes", historias verídicas e inventadas, considero que nada justifica el reprimir a jóvenes en formación, jóvenes universitarios deseosos de ser alguien. Ellos, los jóvenes, son siempre la semilla del porvenir. Me indignó “ver” como esa sed  de ser alguien, la  apagaba el gobierno mexicano hace 50 años con el fuego de la indiferencia, de la cerrazón, de la invalidez por el puro deseo de demostrar poder solo por poder.

-Cuando el poder del amor sobrepase el amor al poder, el mundo conocerá la paz (Jimi Hendrix)
Lo que remueve y replantea profundamente las arenas de mi ser es que los tristes sucesos del 68 (de México y obviamente el mundo en este tema de protestas estudiantiles) denotan una falta de entendimiento entre humanos. Me remueve y retumba en mi propia relación conmigo, nuestra relación de nosotros con nosotros y hacia nosotros. Percibo que en algunas situaciones seguimos igual que en el 68. ¿A donde nos lleva el poder?… yo creo que a una oscuridad disfrazada de un efímero triunfo.
Díaz Ordaz y su equipo mas cercano y el “establishment” querían obviamente que se celebraran “en paz” los históricos Juegos Olímpicos de México 1968 en parte tenían razón, (ese evento implicaba mucho para México en muchos sentidos) pero no en la forma que lo hicieron, sepultando no solamente personas inocentes, sino anhelos completos que quiero creer que de todos modos no se fueron a la tumba porque de alguna manera en la conciencia colectiva han quedado plasmados esos anhelos, aquí estoy yo escribiendo como y desde donde puedo, al igual que muchos pensadores, politólogos, etc.
El poder por el poder es una lucha estéril cargada de fuerza bruta, una fuerza sin adeptos, plagada de silenciosos enemigos.




-La reflexión es el camino hacia la inmortalidad; la falta de reflexión, el camino hacia la muerte (frase presuntamente budista, autor desconocido)

Al menos en lo que me ha tocado saber e investigar, yo no ví un ápice de reflexión en el actuar de los políticos de entonces, sobre todo de Díaz Ordaz. En su visión patriarcal y presidencialista de ese entonces el que no fuera y pensara como el era censurado hasta las últimas consecuencias, hasta las balas. Ese repudiado presidente llenó su camino de balas por una profunda falta de reflexión. Se pudo haber nutrido de las reflexiones y necesidades de los estudiantes, quizas hasta pudo haber cambiado el curso de la historia de México. Y la historia de sangre, estruendos y tanquetas ya la sabemos.
Escucharnos es construirnos para poder co-existir y co-crear.
Me quedo con la enorme tarea de reflexionar antes de juzgar a los demás y juzgarme.


-Más que mil palabras inútiles, vale una sola que otorgue paz (Buda)

Díaz Ordaz siempre justificó su guerra para restablecer lo que el pensaba que era el orden. Su objetivo no era una paz común. El ejercía una supuesta paz como el la entendía, como se entendía en su círculo cercano, en su partido, en esa era  y circunstancias. Una paz que no da paz a todos los involucrados, ¿como se puede llamar?… encontrar esa palabra que otorga paz, que complicada puede llegar a ser.


-Todos quieren la paz, y para asegurarla, fabrican más armas que nunca (Antonio Mingote)

Esta frase habla por si sola. Las fuertes imágenes de la época, testigos de una dolorosa historia lo dicen todo.
Que incongruentes podemos llegar a ser, por voltear a ver al lado contrario y no estar a la altura que requieren las circunstancias.

-La paz no es la ausencia de guerra, es una virtud, un estado de la mente, una disposición a la benevolencia, la confianza y la justicia (Baruch Spinoza)

En el 68 se buscaba la justicia de la élite gobernante, los jóvenes estorbaban y había que aniquilar sus ideas. Sin ninguna disposición a un diálogo entre iguales.
Siempre podemos aprender los unos de los otros; pero todo radica en una disposición a confiar en lo que dice el otro en su verdad. Imponer un punto de vista al otro es abusar de un poder, es ser irresponsables hacia uno y hacia el otro.
El 68 me deja tareas pendientes. ¿Que son 50 años si las heridas a veces siguen doliendo?.
El 68 me deja una profunda reflexión sobre lo aprendido en el recorrido. Me deja la tarea de re leerme, de re leernos. De entendernos mas iguales que diferentes.
El 2 de octubre no se olvida, porque tampoco olvidamos que existimos.
El 2 de octubre y cada día de este regalo que es la vida hay que saber que no somos nada sin los unos y con los otros y que la paz no se construye sin uno y no se construye sin el otro.












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